Soy de El Salvador, el Pulgarcito de América.  Un país al que considero muy tradicionalista, un país con patrones sociales bien establecidos; como por ejemplo el hecho de que, normalmente, las niñas salen de su casa vestidas de blanco, listas para ser entregadas en el altar de la iglesia por su papá, al que será su esposo.

Y no digo que eso esté mal. Yo misma en muchas veces me imaginé saliendo de mi casa con un hermoso vestido de novia que mi mamy me ayudó a elegir y vestir. Mi papy esperándome tan elegante como siempre, con su traje negro y sus tan características camisas blancas perfectamente planchadas por mi mamy, listo para llevarme al altar y, siendo que no solo es mi papá sino también mi pastor, obviamente lo imaginé oficiando la ceremonia de mi boda.  Mis hermanas tan lindas como siempre, emocionadas conmigo. Keren tocando las notas de la marcha nupcial mientras yo hago entrada a mi amada Iglesia Josué, la cual mi mente siempre visualiza llenísima de esa gente linda que me ha visto crecer ahí.  Carito con su gracia tan especial, mi organizadora oficial de la boda, pendiente de que todo salga tan bonito como lo hemos planeado y soñado.  Mi abuelita Aiz, con sus manitas juntas, viéndome con el amor que siempre me mira desde su silla VIP allá cerca del altar.   Y obviamente, el hombre de mi vida esperando por mí al final del pasillo principal de la Iglesia para que hagamos juntos nuestros votos ante Dios, nuestros familiares y amigos…

Sí, yo también he imaginado ese día muchas veces, muchísimas veces.  Y aunque nunca he renunciado al sueño de casarme y formar una familia, siempre he soñado con un “antes de” el matrimonio, la familia y todo eso.  Siempre había soñado con tener la oportunidad de vivir una etapa que fuera para mí, una etapa en que Mony pudiera disfrutar de Mony.   Quería tener mi propia casita, saber qué se siente ser independiente, tener mi espacio, disfrutar mi soltería.  No me refiero a libertinaje y a vivir la vida loca; simple y sencillamente rondaba en mi mente la idea de vivir mi independencia y tomar mis propias decisiones, con todo y lo que eso implicara.

Mis papás (y sobre todo mi papy, jejeje), siempre han sido bastante sobreprotectores con nosotras 3, sus hijas.  Siempre hemos sido sus tesoros y nos han tratado como tales.  Así que, si de verdad quería empezar a dar pasos para cumplir mi deseo de independencia y de dedicarme un tiempo a mí misma, yo sabía que lo primero que tenía que hacer era… ¡Sí! ¡Hablar con mis papás!

Y ahí es donde venía mi primer paso difícil… ¿Cómo decirles? ¿Cómo explicarles? Estaba totalmente segura que no sería algo fácil de decir.   Si bien es cierto, ese había sido tema de muchas de nuestras pláticas familiares, la verdad es que nunca lo habíamos hablado como “esto ya es en serio”.  Así que, si quería independizarme como adulta, mi primer gran paso como “niña-adulta” era hablar con ellos y explicarles ya en serio mis planes y deseos.

Así fue como un miércoles 19 de noviembre de 2014, tomé el valor que necesitaba y me decidí a hablar con mis papás.   Primero hablé con mi mamy, le comenté lo que había pensado hacer, le hablé un poco de cómo pensaba hacer las cosas, las razones que tenía para hacerlo, etc., etc., etc…  Esa misma noche nos sentamos ella, mi papy y yo para hablar acerca del tema ya en forma.    No fue una noche fácil para mí; porque no estaba desesperada por irme de la casa, al contrario, amo mi casa, mi hogar, mi familia, amo llegar a casa y saber que mi familia está ahí; nunca mis papás me han hecho sentir la urgencia de tener que irme porque ya no aguanto o porque ellos me están echando porque ya soy demasiado mayor para seguir en casa.  Al contrario, siempre se han preocupado por hacer que nuestra casa sea un lugar al que amamos regresar cada día después de todas nuestras actividades normales, que nunca han sido pocas.  Pero a la vez, sentía la necesidad de tener mi propio espacio.

Sé que tampoco fue un momento fácil para ellos.  Pero siempre les agradeceré que no cortaron mis alas.   Supieron escucharme, aconsejarme y apoyarme.  Mi mamy estaba emocionada conmigo, cuando se lo dije, creo que ella soñó conmigo también.  Para mi papy fue un poco más sentimental el momento, creo que fue quizá, hasta cierto punto, chocante la noticia; ¡Cómo no habría de serlo! Es mi papá y siempre he sido muy apegada a él.  Además, ¿habrá algún padre o madre para quienes sea fácil dejar que sus hijos vuelen del nido?

Tal como lo hablamos ese día con ellos, tampoco era una acción que se iba a desarrollar a las ya; pero era necesario tener primero su respaldo como mis papás para empezar a dar más pasos para realizarlo.  Podía ser que pasara en casa dos, tres meses, uno, dos años, menos, más… no lo sabía exactamente en ese momento.  Solo recuerdo que tenía una meta clara en cuanto al tiempo:  no iba a pasar más allá de mis 30 años en casa.  Jajajaja hoy que lo recuerdo, me parece risible, porque siempre he sido bien segura y fija (quizá hasta testaruda) en lo que quiero y me propongo, así que, cuando les dije que no pasaría más allá de los 30, estaba segura que así sería, aún no sabía cómo, cuándo o de qué manera, pero sabía que iba a hacer todo lo posible por lograrlo.

Era tiempo de empezar a dar pasos para lograr mi objetivo.   Así que empecé a informarme sobre casas, apartamentos, lugares donde pudiera vivir.  Y ahí empezaron a nublarse las cosas.  Mientras más veía, más me daba cuenta que mis ahorros y mi sueldo no serían suficientes para lograr tener mi propio lugar.  Sobre todo, porque, para los que conocen mi país, saben que para como están las cosas hoy en día, no podía buscar lugar en cualquier parte; hay zonas realmente peligrosas y una chica viviendo sola en un lugar de esos sería como meterme a la boca del lobo.

Fui a ver varios lugares, algunos me gustaron, otros no… para los que me alcanzaba, no me gustaban y los que me gustaban estaban demasiado lejos de mis posibilidades.  Y así el tiempo transcurría.  Por momentos me cuestionaba pensando que quizá no lograría cumplir con ese deseo que tenía.  No voy a negar que por momentos incluso sentía que trabajaba muchas horas al día, casi los 7 días de la semana y aún así mis recursos se quedaban insuficientes para lograr materializar mis sueños.  Y se veía cada vez más y más lejano…

De pronto, apareció una oportunidad que me pareció como “la oportunidad”.  Me dije a mí misma: ¡¡¡Esta es la oportunidad!!!  Creía finalmente tener la oportunidad de, a través de un conocido, adquirir mi propio lugar, haciéndolo a pagos y lo que me parecía mejor: era a través de alguien a quien conocía desde hacía mucho y eso me hacía sentir tranquila con eso.   Fui a ver el lugar y desde que iba entrando a la zona, mi corazón iba latiendo a mil por hora y como se imaginarán, yo estaba emocionada a morir.

Era una casita chiquitita, pero muy bonita.  Yo sabía que habría que hacerle algunos arreglos, adecuarla, ponerla bonita, ponerla a mi manera… mientras recorría el lugar, mi mente iba armando todo: debo lavar esto… una cortina quedaría bonita ahí… aquí podría pintarlo de tal color… ese foco debería cambiarlo por uno de luz blanca para que se mire más iluminado y bonito… y así, yo emocionada.   El lugar me encantó y honestamente, pasé esa y las siguientes noches imaginándome llegar a mi casita, después del trabajo, a preparar mi comida, descansar un rato y bla, bla, bla… Estaba segurísima que quería ese lugar.

Pero no todo estaba dicho, todavía necesitaba que me dieran una respuesta.   Para ser honesta, sentía que era prácticamente seguro que eso se daría. Y yo estaba feliz y emocionada con eso. Recuerdo que le comenté al respecto a mi mamy y su respuesta fue: confía en Dios; si esto es de Él, las cosas se darán mejor de lo que esperas.   Los días pasaban y no tenía respuesta.  Yo pensaba que solo era cuestión de tiempo y que en cualquier momento me dirían: ¡Hagámoslo!

La respuesta llegó un tiempo después.  Y no era precisamente la respuesta que yo esperaba.  No voy a ahondar en las razones que me dieron, pero básicamente me dijeron que no.  Aunque con una sonrisa en mi rostro agradecí la oportunidad, mi corazón lloraba; una vez más me sentí como si a pesar de todo, no merecía la oportunidad de lograr lo que yo quería, me sentía como insuficiente; no sé ni cómo explicar la sensación.

Mi mamá me escuchó contarle toda la historia de cómo esta vez, las puertas se me cerraban nuevamente.  Y me dijo que por algo Dios permite las cosas.   Sabias palabras.   Ahora que recuerdo esa experiencia, estoy más que segura que si la respuesta que recibí hubiera sido un SI, hoy por hoy no estaría aquí, me habría quedado allá, en mi zona de confort, porque no habría sentido la necesidad de dar un paso más allá de lo que parecía posible y me habría acomodado.

No voy a negar que, en su momento, sentir que las puertas se me cerraban por todos lados fue difícil.   Sobre todo, cuando esa última respuesta llegó y fue como “el tiro de gracia” para mis ilusiones.  Me dolió mucho porque sentí que ese NO se llevaba consigo mi deseo, porque ya había intentado de varias formas y ese era como mi último cartucho, así que cuando se me dio una respuesta negativa, me sentí frustrada y muy triste.

Pero de no haber sido por esa negativa, no hubiera tomado fuerzas para mi siguiente paso, paso que me llevó hasta donde hoy estoy.   Y así sucede en la vida, muchas veces nos enfrentaremos a situaciones que no salen como esperamos.  Nos tocará muchas veces recibir los “portazos” en la cara, cuando las puertas se cierren una y otra vez.  Pero ese no es el fin.  En el momento, de verdad que no entendí por qué se me negaba una oportunidad que tanto deseaba y se me cerraba nuevamente la puerta; lloré, me entristecí… pero hoy puedo decir con total certeza que eso era parte del plan que Dios ya había visualizado para mi vida. Un plan que me permitiría ser más feliz que si solo me hubiera acomodado ahí mismo, en mi zona de confort.  Ahora lo entiendo perfectamente.

Y hoy estoy aquí, para decirte que no permitas que las puertas que a veces se cierran para ti marquen el final de tus sueños e ilusiones. Una puerta que se cierra no es señal de un final.  Una puerta que se cierra solamente implica que no era tu puerta, pero que habrá otra puerta, que sí será para ti y que te estará esperando abierta de par en par, para que pases a través de ella.    Recuerda que Dios tiene planes especiales, planes de bien para tu vida; quizá no te hablará de forma audible para decirte por donde debes caminar para llegar a lo que esperas alcanzar, pero debes aprender a escucharle aún en los silencios.  Él a veces utilizará esas puertas cerradas para irte indicando el camino que debes recorrer.   Pero ¡No te preocupes! Puedes confiar en Él a ojos cerrados.  Dios siempre sabe lo mejor y aunque a veces todo parezca salir mal, recuerda que a los que le amamos, todas las cosas nos ayudan para bien… TODAS LAS COSAS.

En la próxima entrada te sigo contando de mis experiencias y de cómo continuó el peregrinaje que me trajo hasta donde hoy estoy.  ¡Gracias por leerme! ¡Hasta la próxima!

2 thoughts on “UN PASO DIFÍCIL Y LAS PRIMERAS PUERTAS SE CIERRAN”

    1. Gracias, Lupita!!!! Y sí, una puerta cerrada no tiene por qué detener nuestro caminar; no es el final. Gracias por tomarte el tiempo de leer mi blog. Cuídate mucho y qué Dios te bendiga!!!! 😊

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