Vivir en un lugar nuevo implica también nuevas personas en tu vida. A lo largo de este tiempo acá en Budapest he ido conociendo a muchas nuevas personas, nuevos amigos, nuevas experiencias y estoy agradecida con Dios por eso.

Una de mis nuevas amigas hace poco ha adoptado a un perrito, es un Pumi (una raza húngara) y su nombre es “Muki”.  Mi amiga sirve como misionera acá en Budapest, pero también en toda Europa, lo que implica que muy a menudo se encuentra fuera del país atendiendo sus compromisos; el detalle es que con Muki en casa, ahora debe pensar también en él para que alguien esté pendiente de sacarlo a pasear, a hacer sus necesidades, le alimente y vele por él mientras ella no está.   Hace unos días fue su primer viaje fuera del país, dejando a Muki en casa y yo, la “tía Mónica” fui la encargada de cuidarlo esos días.

Muki es un perrito de aprox. 6 años de edad, que fue rescatado hace poco más de un año, lo encontraron en la calle, en condiciones no muy buenas, se le llevó a un albergue y ha pasado por muchas cosas hasta que finalmente ha encontrado un hogar definitivo en casa de mi amiga.  Por las mismas cosas que ha tenido que pasar, Muki ha perdido completamente la visión en su ojo derecho y parcialmente en su ojo izquierdo, eso le hace estar a la defensiva cuando otros perros de acercan, les ladra mucho y en ciertas ocasiones intenta morderles.  Con mi amiga creemos que ha tenido alguna mala experiencia con otro perro que de alguna manera le ha creado cierta aversión con los perros, sobre todo los pequeños, que además de la situación con su visión, le hace no ser tan amigable con los perros como lo es con los humanos; porque he de decir que, con los humanos, tanto adultos como niños, Muki es un amor, le fascina ser mimado, está muy bien entrenado para ser obediente cuando le pides que se detenga, que venga hacia ti, que espere, que se siente, que te de la patita, etc., y siempre está tratando de hacer sus piruetas y gracias para ganarse alguno de los premios que le ofrecen.

Un día antes que mi amiga saliera de viaje, se tomó el tiempo de explicarme la rutina y cuidados que se tienen con Muki, sobre todo al sacarle a pasear.   Me explicó que, por la situación de él con otros perros, al sacarle a pasear y para evitar problemas con otros perros o con sus dueños en la calle, ella siempre está pendiente de lo que sucede adelante, a los lados o detrás de ella y Muki, si ve que algún perro se acerca, procura llamar la atención de Muki pidiéndole que venga hacia a ella y le pide hacer alguno de sus trucos, ofreciéndole algún premio para distraerle y luego cambiar de calle de modo que no vaya a enfrentarse a otro perro, en parte para no tener problemas con los dueños de los otros perros, pero también porque eso implica un peligro para Muki, porque en su condición, otro perro fácilmente podría atacarlo y hacerle daño.

 

En la ruta que normalmente hacen, mi amiga sabe muy bien en qué puntos son los que debe tener mayor cuidado y estar más pendiente, así que me explicó todo muy bien. Traté de memorizar todas las indicaciones que me dieron y pues se llegó el momento en que mi amiga ya no estaba y debía hacerlo yo sola.  La primera vez me costó más, creo que fue más que todo por los nervios de ser la primera vez y el deseo de que todo saliera lo mejor posible.  Poco a poco fui agarrando práctica y se me fue haciendo más y más fácil y al final hasta exploramos nuevas rutas.

 

Uno de esos días en que Muki y yo salimos a pasear, mi mente era un nudo de “pensamientos/oraciones/preocupaciones” y de una manera tan bonita, Dios habló a mi vida a través de ese mi pequeño amiguito perruno.   Me hizo poner especial atención en el hecho que Muki iba caminando tranquilo, disfrutando al 100% de su caminata, jugando en el camino, ratos corriendo, ratos caminando y así… y yo siempre pendiente él y de todo lo que pasaba alrededor de nosotros, quién se acercaba, si alguien traía algún perro, si de pronto había algún gato por ahí, etc., prácticamente estaba previendo lo que venía adelante en el camino, de modo que si algún posible peligro venía, podría fácilmente guiar a Muki en una dirección en la que estuviera fuera de peligro.  Me puse a pensar en algunas de esas ocasiones, en las que algún perro salió de pronto y Muki se daba cuenta que era por eso que yo prácticamente lo obligaba a caminar hacia otro lado; pero también hubo muchas ocasiones en las que le guie por una ruta distinta a la que él ya conoce para poder alejarle del peligro y sin que él siquiera se diera cuenta.  Muki no estaba preocupado por apartarse del peligro o por no perderse en el recorrido, porque la que estaba cuidando de él era yo, la responsabilidad de velar por él y cuidar de que estuviera a salvo era mía, así que yo solo quería que él disfrutara su paseo mientras yo cuidaba de él.

 

Y fue eso precisamente lo que Dios utilizó para hablar a mi corazón y traerme tranquilidad en medio del cúmulo de pensamientos que rondaban mi mente.   Espero no te ofendas por lo que voy a decir, no es mi intención compararte a ti o a mí con un perro, pero sí quiero hacer alusión al hecho de que algo similar sucede en el ámbito espiritual.   Yo estaba ahí, preocupada y pensativa por algunas cosas, queriendo encontrar la manera de que todo saliera bien, de encontrar respuestas, de superar ciertos momentos difíciles y ahí estaba Dios, diciéndome: “¡Disfruta el recorrido! Quien cuida de ti soy yo”.

 

Cuántas veces vemos que de pronto las cosas van tomando un rumbo que no esperábamos, a veces hasta nos frustramos viendo que las cosas no salen como las planeamos y sentimos que se salen de nuestras manos. Y en muchas de esas ocasiones solo cuestionamos a Dios por lo que nos sucede o por lo que no nos sucede, sin ponernos a pensar que quizá es solo Dios “halándonos la cuerda” hacia otro lado para apartarnos del peligro, porque Él puede ver el camino mucho más allá que lo que nosotros en lo humano podemos y es precisamente por eso que Él puede guiarnos por una ruta distinta, en la que estemos a salvo.

 

El deseo de Dios no es que estemos continuamente preocupados por nuestro futuro y que dejemos de disfrutar de Sus bendiciones por estar tratando de hacer que todo salga bien por nuestros propios medios.  Dios quiere que tu y yo disfrutemos del recorrido, mientras tenemos la plena certeza que es Él quien guía nuestros pasos por los caminos adecuados.   ¿Cómo hacerlo? Pon tu vida en Sus manos, encomiéndale tus caminos, tus planes y proyectos y permítele ser tu guía.  Dios te conoce mucho mejor de lo que tú te conoces a ti mismo, conoce tu corazón, sabe lo que deseas y a dónde quieres llegar, conoce tus anhelos, sabe tus propósitos; si le permites guiarte, puedes dejar de preocuparte por cómo saldrán las cosas y enfocarte en disfrutar el recorrido, porque si quien te guía es Él, las cosas saldrán muchísimo mejor de lo que has pensado.

 

Así que, pon tu vida en las manos de Dios, déjale guiarte y ¡Disfruta el recorrido! Es Él quien cuida de ti.

 

“Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides” (Deut. 31:8).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.