MEMORIAS DE UNA TEJEDORA DE SUEÑOS – Introducción

¿Has vivido alguna vez de esos momentos en la vida que te roban el aliento? No me refiero solamente a cosas malas, o solo buenas, pueden ser de ambos; pero de esos momentos que hacen tu corazón latir a 1,000 por hora.   Me ha pasado muchas veces… Y honestamente, una de las cosas que más pienso en esos momentos, en medio de la ansiedad que me provoca el no saber cómo terminará todo, es que quisiera poder solo cerrar mis ojos, abrirlos y estar en el momento que ya todo haya pasado. ¿Por qué? para saber cómo salió todo, saber lo que ocurrirá, así mi corazón podrá calmarse y saber cómo saldrá todo.  Es algo así como que por ratos quisiera poder “predecir” el futuro, para no preocuparme hoy por lo que aún no ha sucedido; pero, por mucho que lo desee, NO SE PUEDE.

Para mí el 2017 fue un año que inicié queriendo solo cerrar los ojos y abrirlos ahí por el mes de diciembre, para saber si todo lo que me había propuesto iba a salir bien.   Desde hacía años venía deseando algo y aunque había dado uno que otro paso, digamos que no me había animado del todo a “tirarme al agua”.    En el 2016 tuve la oportunidad de realizar un viaje que terminó siendo la confirmación de que mis sueños locos seguían estando ahí, regresé pensando en que debía hacer todo lo que estuviere a mi alcance para lograrlo, porque me di cuenta que era una de las cosas que más deseaba en la vida.

Casi a la medianoche del 31 de Diciembre del 2017, mientras esperaba para dar la bienvenida al 2018 en el Margít Híd, en Budapest, Hungría, mi corazón se hizo chiquitito recordando cómo inicié el año con una meta en mente: “El 2017 no se me pasaba sin que diera pasos definitivos para cumplir uno de mis sueños más grandes”, y mientras los meses pasaban, sentía por momentos que el lograrlo se me iba alejando más y más.  Justo en esos momentos es que más pensaba en que desearía con todo el corazón poder cerrar los ojos, abrirlos en el 31 de diciembre y saber si había podido lograr lo que me había propuesto.

Y de pronto, ya no tenía que desearlo, ya no tenía que preguntarme cómo saldría todo; porque el año había pasado, las cosas se habían ido dando de maneras increíbles y… ¡Ahí estaba yo!, con dolor en el alma por estar tan lejos de mi familia, de mis amigos, lejos de todo lo que por 30 años había sido mi vida, pero con el corazón henchido de emoción y de agradecimiento, porque ahí, parada en medio de un mar de personas desconocidas para mí y de todas las nacionalidades que puedas imaginarte, ¡ahí estaba yo!, esa muchachita de sueños locos que vino desde más de 10,000 kilómetros de distancia, a un país al que nunca antes había venido y de donde prácticamente no conocía a nadie y que en ese momento solo podía decirse a sí misma: ¡LO LOGRÉ!

Esa sensación no tiene precio, no tiene medida; pero menos medida tiene el agradecimiento que inunda el corazón para con Dios, porque cuando logras algo que consideraste por momentos hasta imposible, te das cuenta que no es por ti, no es por tus méritos, por tus recursos, las influencias que tengas y ni siquiera porque te lo merezcas… es por la gracia de Dios, solo por Su gracia.

No, no todo ha sido color de rosa, he pasado momentos de angustia y en los que no sabía qué hacer; y si compararas mis planes iniciales con la forma en que se ha desarrollado todo, parecería hasta risible la manera en que muchas cosas han salido de forma tan diferente de lo que en algún momento planifiqué.  Pero sin duda, ha sido Dios el que ha ido guiando mis caminos, mis decisiones y mis pensamientos; me ha demostrado de una y mil maneras diferentes que Él cuida de mí y que, cuando pones tus planes y tus sueños en Sus manos, Él se encarga de hacerte llegar a su cumplimiento, no a tu manera, sino a Su manera… y a Su manera es mucho mejor.

Y aquí estoy, queriendo compartir contigo un poco de mis vivencias y experiencias.  Te invito a seguir mi serie de entradas bajo el nombre de: “Memorias de una tejedora de sueños”, que iré publicando poco a poco acá en mi blog y a través de la cual quiero abrirte mi corazón y contarte algunas de las muchas experiencias que he ido viviendo desde el viernes 19 de noviembre de 2014, cuando todo esto comenzó a tomar forma ya oficialmente (luego te digo por qué “oficialmente”).  ¿Cuál es mi propósito? Que mi vida sirva para animarte a ti, que me lees, a soñar alto y a decidirte a cumplir tus sueños; que conozcas la forma tan especial que Dios utiliza para llevarte por los caminos adecuados para que puedas llegar al fin que esperas, aun cuando todo parece derrumbarse; y llevar hasta ti un mensaje específico: “Si yo pude, ¡tú también!”.

Espero me acompañes en este recorrido virtual… ¡Saludos!


Si quieres conocer más acerca de mí, da clic AQUÍ


 

2 thoughts on “INTRODUCCIÓN”

  1. Siga adelante hna. Mónica cumpla sus sueños con la cobertura de Dios todo es posible me identifico mucho con su blog . Qué la gracia, y el amor de Jesucristo estén siempre a su lado.

    1. Gracias, Hna.!!!! Me alegra mucho recibir su comentario. Recibo sus palabras de bendición y las proclamo también sobre su vida! Un abrazo y saludos!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.