¨Quítate esos zapatos que me los vas a arruinar¨, recuerdo esas palabras como si fuera ayer… palabras dichas a una niñita que jugaba a ¨ser grande¨, calzando los tacones de mamá, que apenas lograba llenar a la mitad, pero en cuyos pensamientos, esos zapatos tan admirados en los pies de mamá, eran el accesorio perfecto para sentirse grande, sentirse como si ya fuera una mujer.     Ahora que lo pienso, creo que ni cuenta me di en qué momento mis pies llegaron a ser lo suficientemente grandes como para dejar de solo soñar con los tacones de mamá y empecé a usar mis propios tacones. ¡Y es que el tiempo pasa tan rápido!

Algunos consideran que el cambio de niña a mujer sucede precisamente en el momento en que nuestro cuerpo se ve sometido a toda una serie de cambios físicos, que prácticamente nos transforman físicamente y, sobre todo, cuando nos llega la primera menstruación.     Personalmente considero que toda esa transición va mucho más allá de solo cambios físicos; porque para ser honestas, pasamos los 12, 13, 16 años y en nuestras mentes, seguimos siendo las niñitas de la casa, aquellas que aunque de pronto nos sentimos demasiado grandes para ser tratadas como unas niñas, en nuestro corazón y en nuestra mente sabemos que seguimos siéndolo y es que pasar de niña a mujer, más que solo un conjunto de cambios físicos, es el inicio de una nueva etapa de vida, en la que dejas de seguir solo soñando con lo que algún día serás y empiezas a dar pasos concretos para convertirte en aquello que alguna vez siendo niña soñaste.

Todas somos diferentes, cada cual tiene sus propias formas de ser y ver la vida, cada mujer experimenta sus propios procesos de cambio; sin embargo, si algo es seguro es que, cuando ese momento de transición finalmente llega, nuestra vida nunca más volverá a ser lo mismo física, mental y emocionalmente, entre otras áreas.    ¡Si tan solo fuera así de fácil como solo ponernos los zapatos de tacón de mamá!

Y aquí, sentada frente a mi computadora, tratando de encontrar la manera de explicar todo lo que da vueltas en mi cabeza acerca de todo lo que este proceso implica, comienzo a recordar tantas cosas que han marcado mi vida y me han convertido en la mujer que ahora soy.    Actualmente tengo 30 años, no me siento vieja, pero estoy plenamente segura que ya no soy más una muchachita como hace unos años y mi vida actual da testimonio de ello.   No podría asegurar en qué momento todo se desencadenó y cómo es que todo se ha venido dando; aún me sorprendo cómo de pronto mi mente reacciona totalmente diferente ante ciertas situaciones que enfrento, tan diferente no porque mi esencia como persona haya cambiado, sino porque ahora pienso las cosas de forma más madura de cómo lo habría hecho hasta hace unos años atrás.   Hace un par de días, contándole a mi mami acerca de una cuestión muy personal mía, me respondió con un ¨tienes edad de saber qué quieres¨ y me sorprendió la manera en la que, al analizarlo, me di cuenta que es cierto, ya sé lo que quiero en la vida y ya no me da tanto miedo el futuro, porque de alguna manera, ahora estoy viviendo el futuro de aquella niñita que soñaba con tantas cosas, y aunque no he dejado de soñar, ahora puedo dar pasos seguros para hacerlos realidad.

No hay nada que te prepare lo suficiente para enfrentar cualquier proceso en la vida.   Es como si le preguntaras a una pareja de padres primerizos si después de leer decenas de libros sobre cómo ser padres, ya están listos para serlo; nada te prepara para esas cosas, aprendes viviendo, experimentando. Entonces, partiendo del hecho que nadie te puede enseñar a “pasar de niña a mujer”, hay algunas cosas puntuales que no puedo dejar de señalar con respecto a esto:

  • Disfruta cada etapa que vives. A muchos de nosotros la vida se nos va de las manos sin darnos cuenta, mientras nos preocupamos por lo que pasará después y cuando ese ‘después’ finalmente llega, deseamos retroceder el tiempo porque ni cuenta nos dimos cuando el tiempo se nos fue.   Sigue soñando, sigue sentando las bases para lo que esperas de tu vida en el futuro, pero no te olvides de disfrutar lo que estás viviendo en el presente, disfruta tu vida, atesora los buenos momentos y aprende de los no tan buenos.    Que no se te pase la vida solo preocupándote por el futuro, para que cuando llegues a ese futuro solo desees volver al pasado para vivir lo que no viviste.
  • No está de más que tengamos modelos a seguir. No puedes vivir basada en la vida de otras personas; pero siempre hay alguien cuya vida y experiencia puede motivarte a construir tu propia vida.  En medio de una etapa tan crucial en la vida, como es el de esta transición, nos puede ser útil buscarnos alguien de quien podamos tomar ejemplo, alguien que, si bien es cierto no va a condicionar nuestra vida a que seamos de tal o cual forma, puede motivarnos a sacar lo mejor de nosotras mismas para convertirnos en mujeres que un día podamos también ser de ejemplo para otras.
  • Los padres son esenciales en esta etapa. Si estás en la posición de hija, no alejes a tus padres, esta es una de esas etapas en la vida que puedes aprovechar para estrechar lazos con ellos, los necesitas y lo sabes; nadie mejor que ellos para aconsejarte y guiarte, nadie te amará como ellos y deseará lo mejor para ti a tal punto de querer guiarte de la mejor manera posible.   Si tú que lees esto estás en la posición de padre/madre, déjame decirte que tu hija te necesitará mucho en esta etapa; quizá las cosas cambien, porque más que una figura de autoridad, ella necesitará encontrar en ti un amigo/amiga en quien pueda confiar.   Cambia el regaño por un consejo, dale tiempo y acércate a ella.
  • Permítete formar tus propios criterios. Con tanto bombardeo mental que tenemos hoy en día a través de los medios de comunicación, las redes sociales, los mismos amigos y amigas que tenemos, es difícil darse una oportunidad de formar los criterios propios, porque muchas veces es más fácil dejarse llevar por lo que la mayoría dice que pararte firme, decir lo que verdaderamente piensas y defenderlo como tal.   Pero recuerda que eso es precisamente una de las cosas que marcan diferencia entre una persona madura y una que no lo es.    No tengas miedo de desarrollar tus propios criterios, tener tus propias convicciones personales y defenderlas con confianza; así como habrá personas que lo entiendan y lo respeten, habrá otras que no lo van a compartir, pero que eso no te cohiba, aprende a tener firmeza de carácter.      No vivas los sueños de otros, da pasos para cumplir los tuyos.
  • Por último, pero no menos importante, aférrate a quien levantó a mujeres sobresalientes como Rut, la abuela del rey David; la hermosa e influyente reina Ester; Ana, esa mujer de una fe inquebrantable; Lidia, esa hospitalaria mujer de negocios; la valiente Débora; la virtuosa María y muchas otras más… aférrate a Dios. En una etapa tan crucial, nadie podrá mantenerte en pie y hacerte atravesar todo este proceso y salir triunfante de él como Aquél que te creó, quien te conoció y te dio un propósito de vida desde antes que te formases en el vientre de tu madre.

 

Tantas cosas que podría mencionar al respecto de este tema, tantas experiencias qué contar; pero finalizo diciéndote que no te olvides que, como todo proceso, esto lleva su tiempo, el tiempo de cada una es diferente, no te apresures, date el tiempo de aprender, madurar, crecer, sentir… date el tiempo de vivir a tu propio ritmo.

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Este artículo tuve el privilegio de escribirlo para la Edición 62 de la Revista Luz y Vida de las Asambleas de Dios en El Salvador, publicada en el mes de Enero/2018.

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